Lo he conseguido! Tras años de prueba con distintas recetas… por fin he encontrado la definitiva! Hay que ver lo que puede variar el resultado final de un bizcocho simplemente por hacer un par de cosas de forma distinta a lo habitual. Tengo claro que a partir de ahora se terminó el buscar, esta es la receta que voy a seguir siempre. De momento mi madre y mi abuela ya han querido apuntársela :P
Esta es una receta para hacer un bizcocho de yogur de toda la vida. La diferencia principal está en el tiempo de horneado y la forma de trabajar el huevo. Yo la he hecho adaptada a los diabéticos (mi madre y mi tía lo son) pero se puede hacer con azúcar blanco, eso sí, hacerla con edulcorante le baja bastante las calorías y sale igual de rica, jeje.
Ingredientes:
- 250 gramos de harina.
- 3 huevos.
- 1 sobre de levadura.
- Edulcorante en polvo o líquido (yo prefiero en polvo, el líquido le deja a las cosas un regusto raro).
- La ralladura de un limón.
- 2 cucharaditas de aceite.
- 1 yogur blanco sin azúcar.
- Mantequilla.
Preparación:
Mezclamos la harina, la ralladura de limón y la levadura en un bol. A mi me gusta tamizar la harina por si hay algún grumo, pero eso va a gusto de la cocinera, jeje. Es mejor que el bol sea amplio, porque luego iremos añadiendo el resto de ingredientes.
En vez de batir los huevos, vamos a separar las claras de las yemas, colocando estas últimas en un bol pequeño. Montamos las claras a punto de nieve en un cuenco (yo las monto con varillas, en menos de cinco minutos), añadiendo el edulcorante al gusto, que es la única forma de acertar. Como he dicho arriba, podéis usar azúcar blanco, pero el bizcocho sale perfecto con el edulcorante. Para que os hagáis una idea, yo he usado 6 gramos de edulcorante en polvo.
Batimos las yemas que habíamos reservado, añadimos el yogur y las dos cucharaditas de aceite y ligamos bien. Cuando esté listo, mezclamos con la harina. Al principio parece que se forman un montón de grumos, pero si seguís removiendo conseguiremos formar una masa. Después añadimos las claras montadas a punto de nieve en dos tandas. Con la cuchara nos aseguramos de que queda una masa homogénea.
Y casi hemos terminado! Untamos un molde para horno con mantequilla (en casa compro unos desechables de aluminio, que vienen en pack de tres y son redondos, los venden en el súper y son iguales que los que usan en las panaderías), vertemos la masa y lo horneamos a 180º durante 40 – 45 minutos. Sé que parece mucho tiempo, pero este es otro de los secretos del bizcocho. Y no se quema, os lo prometo. De todas formas, lo mejor es vigilarlo, porque no todos los hornos son iguales… Si hace un buen rato que ha subido, está de color marrón y al pincharlo en el centro sale limpio, es que ya está hecho :)

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